Estás en mi

Hoy también, Jesús es la Palabra que se cumple y se encarna en lo que anuncia: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos, dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor". (Lc 4, 18)

Y qué mejor que sea el mismo Jesús el que nos lo explique… Después de mi bautismo regresé a Galilea lleno del poder del Espíritu Santo. Fui a la sinagoga el sábado para hacer la oración con mi gente, como de costumbre, y empecé a leer el texto del pergamino del profeta Isaías. Al finalizar les dije que ese pasaje de la escritura se había cumplido mientras yo lo leía: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido."

En el bautismo recibí la plenitud del Espíritu Santo, el poder, la sabiduría y el amor de Dios estaban en mí. Yo era el Dios hombre dispuesto a cumplir la misión a la que el Padre me llamaba, llevar la salvación a todos los hombres. Vine a anunciar la buena noticia, de que el reino de los cielos está muy cerca de todos aquellos que se arrepienten. Vine a liberar a los cautivos del pecado, a sanar a los enfermos, no solamente en sus cuerpos, sino también en sus almas. Vine a abrir los ojos de los ciegos, no solo físicamente sino también por dentro, para llevarlos de la oscuridad hacia la luz. Vine a liberar a los oprimidos, a los que están totalmente perdidos… Vine a anunciar la bondad, la misericordia y la gracia de Dios.

Yo vine a cambiar el mundo para siempre. Y estoy todavía aquí transformando los corazones de aquellos que escuchan mi palabra y creen en mí. Yo soy el señor tu Dios y te lleno con mi espíritu, para que puedas participar de mis regalos, para que puedas abrir los ojos y ver lo que te estoy ofreciendo: una vida feliz para siempre.

Es posible que no lo recuerdes, pero el día que fuiste bautizado, junto con el agua, mi espíritu fue derramado en tu corazón. Tú también fuiste ungido como yo en el Jordán. Por eso también tú puedes decir: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres.» No reduzcas tu bautismo a un momento olvidado en tu vida, como si careciese de valor. Tampoco puedes reducirlo a un mero acto social. ¡El Bautismo te comunica mi misma vida, te hace una nueva criatura! Con el Bautismo te conviertes en hijo de Dios, por lo tanto, tú y yo somos hermanos; eres templo vivo del espíritu y miembro de la iglesia.

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